Por Julio Alberto Martínez
Hay que distanciarse del pesimismo tradicional que ha afectado a nuestro país para reconocer con objetividad que aún con los desafíos pendientes ––incertidumbre internacional, aranceles, desigualdad, informalidad, seguridad social, pobreza, violencia, corrupción, los irritantes blackout y el alto costo de la vida–– la República Dominicana avanza de manera sostenida.
Así lo refleja el optimismo ––sustentado en datos verificables–– del discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader ante la Asamblea Nacional, pronunciado en el contexto del 182 aniversario de la Independencia Nacional.
Organismos financieros internacionales como el Banco Mundialy el FMI, proyectan que la patria de Duarte liderará el crecimiento económico de América Latina en 2026, con una expansión del producto interno bruto en torno al 4.5%.
Esa cifra se alinea con un repunte tras el 2.1% registrado en 2025 ––en sintonía con el promedio regional de 2.2%–– en un contexto global de incertidumbre y complejidad que ha obligado a varios países, incluido el nuestro, a revisar a la baja sus proyecciones en años recientes.
No pretendo afirmar que vivimos en los mágicos jardines de Alicia en el país de las maravillas, ni rodeados de nuestras ilusiones en una casita de cristal ––como el maniqueísmopolítico tiene a reducir el debate–– pero sí en una República donde según Transparencia Internacional, exhibe mejoras sustanciales en su desempeño contra la corrupción. Avanzando por quinto año consecutivo, pasando de la posición 28 a la 37.
Una de las banderas de un presidente que mantiene firme su compromiso de una lucha que ––quiérase o no–– definió como columna vertebral de su gestión.
Este tipo de avances, combinado a la estabilidad macroeconómica y la madurez política atrae inversiones depoderosas empresas tecnológicas globales como NVIDIA, que apuestan a la proyección de Republica Dominicana como Hub-Tecnológico regional a través de la creación de un Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial.
No es fortuito que multinacionales como Google escojan nuestro mercado para construir el primer puerto internacional de Intercambio Digital en América Latina ––el 8vo a nivel mundial–– con una inversión de más de 500 millones de dólares;y otras como la estadounidense LOD Holdings, apuesten a la construcción de un puerto espacial comercial en Oviedo, Pedernales, con una inversión que superará los 600 millones de dólares.
Soy de los que más críticas le ha formulado al Gobierno por los bajos niveles de inversión pública e insistentemente he exigido mayores recursos en infraestructura partiendo del criterio de que el sector de la construcción ––que se ha estancado en los últimos años–– es uno de los sectores que más aporta a la riqueza nacional medida a través del Producto Interno Bruto.
Sin embargo, sorprende positivamente que con las limitaciones actuales y sin haber sometido una reforma fiscal el Gobierno del presidente Abinader pueda mostrar tantas obras deinfraestructuras y citarlas de manera específica –para los que lesgusta llevar anotaciones– en toda la geografía nacional:
Puentes, aeropuertos, carreteras, hoteles, circunvalación, hospitales traumatológicos, acueductos, presa de Monte Grande, subestación eléctrica, viviendas, títulos de propiedad, remozamiento de hospitales, malecones, línea 2C del Metro, monorriel, teleférico, túnel de la Plaza de la Bandera; en fin, un catálogo interminable de obras de que responden con precisióninquietudes que algunos se han formulado sobre su legado.
A pesar del desgaste natural que genera un segundo mandato ––y el desgaste acelerado por los intentos suicidas del gabinete eléctrico de sepultar la popularidad del gobierno–– en momentos tan delicados donde las emociones pesan más que las necesarias razones que sustentan y explican las políticas públicas; el presidente asistió a la sexta rendición de cuentas con los guantes puestos, comparando su gestión de Gobierno, como no solía hacer, con los años que precedieron sus mandatos.
Y llegó no solo con obras que presentarle al país, sino como el primer líder político de la tradición perredeísta-perremeísta en lograr la reelección presidencial ––ni don Silvestre Antonio Guzmán Fernández, ni Salvador Jorge Blanco, ni Hipólito Mejíalo consiguieron, los dos primeros no la intentaron––.
De continuar por esa trayectoria ––con los cambios necesarios–– y empujando la velocidad del crecimiento económico, culminarásu gestión con el capital político y la popularidad suficiente para definir favorablemente en función de su legado, el rumbo de la transición política que se avecina.
Lo contrario, seria por supuesto, una derrota anticipada que en un abrir y cerrar de ojos cambiaria la correlación de fuerzas en el escenario político.



