Por: Rosanna Barrera, comunicadora-Política.
En las últimas semanas, el arresto de Nicolás Maduro ha generado un revuelo internacional, poniendo en evidencia las complejas dinámicas de poder en Venezuela y su relación con Estados Unidos y otros actores regionales. La forma en que se llevó a cabo este arresto —que, hasta ahora, ha sido más simbólica que práctica— revela muchas cosas sobre las estrategias de Washington y sus intereses en la región.
¿Por qué fue de esta manera el arresto de Maduro?
El arresto de Maduro no fue simplemente una operación judicial, sino una maniobra política cuidadosamente calibrada. Estados Unidos y aliados regionales buscan presionar al gobierno venezolano sin desencadenar un conflicto abierto que pueda desestabilizar aún más la nación. La retórica en torno a su arresto busca enviar un mensaje contundente: que la comunidad internacional no reconoce a Maduro como legítimo, y que existen alternativas internas para la transición, como el caso de Delcy Rodríguez, quien ha sido colocada como una figura interina que domina tanto en el ámbito político como en la parte militar. Otros gobiernos que pongan la barba en remojo cuando Maduro inicie conversatorios de defensa.
¿Qué implica esto para otros gobiernos?
Este escenario envía una clara señal a otros líderes latinoamericanos: la cooperación con Estados Unidos puede traducirse en presiones, pero también en la posibilidad de maniobras políticas internas que favorezcan intereses externos. La preferencia por Delcy como presidenta interina —quien tiene un perfil que combina autoridad política y control sobre las fuerzas armadas— evidencia una estrategia pragmática: Estados Unidos busca gobernar en la sombra, asegurándose de que sus intereses militares y económicos estén protegidos.
Por otro lado, figuras como Corina Machado, que gozan de apoyo popular pero no cuentan con respaldo militar, representan un desafío menor para las grandes potencias en comparación con los actores que controlan las instituciones clave del Estado venezolano.
El papel de las empresas petroleras estadounidenses y las expropiaciones de Chávez
Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, Venezuela experimentó una serie de expropiaciones y nacionalizaciones de importantes empresas petroleras, en su mayoría estadounidenses. Entre las más relevantes estaban:
– Chevron: que fue expropiada parcialmente en 2007 en el contexto de la expansión de la política socialista
– ExxonMobil: expropiada en 2007 tras disputas por control de activos en el país.
– ConocoPhillips: también sufrió expropiaciones en 2007.
– Pequiven y otras empresas del Estado venezolano: que Chávez fortaleció en un intento por reducir la dependencia extranjera.
Estas expropiaciones fueron motivadas por la búsqueda de soberanía energética y control de recursos, pero a largo plazo afectaron la inversión extranjera y la relación con las compañías estadounidenses. La disputa con ExxonMobil, por ejemplo, llevó a litigios internacionales que aún tienen repercusiones en la región.
¿Qué le espera al pueblo venezolano?
A pesar de las dificultades, el pueblo venezolano muestra una capacidad de resistencia admirable. La apuesta de Estados Unidos ahora parece centrarse en facilitar una transición que asegure la estabilidad y el control de recursos, en un contexto donde las opciones internas son limitadas. La estrategia busca garantizar que la región mantenga su influencia en Venezuela, asegurando que los recursos naturales sigan siendo accesibles para intereses extranjeros.
Reflexión regional: el papel de la izquierda y las opciones futuras
La situación en Venezuela es un reflejo de una tendencia más amplia en América Latina, donde gobiernos de izquierda han desafiado el orden establecido, a menudo enfrentándose a presiones externas. El papel de Cuba en este escenario será determinante: Cuba, con su apoyo ideológico y político a Maduro, y Colombia, con su postura más pragmática, buscarán influir en el desenlace, pero ya el café está servido ojo.
Es fundamental que la región latinoamericana aprenda de estos episodios: la unidad, la soberanía y el respeto por la institucionalidad son esenciales para enfrentar los desafíos futuros. La historia muestra que las soluciones duraderas surgen cuando los pueblos defienden su autonomía y trabajan por un desarrollo inclusivo.
Mensaje final: esperanza y compromiso
A pesar de los obstáculos, la historia de Venezuela y de la región en general nos enseña que la resistencia, la solidaridad y la búsqueda de justicia social son fuerzas poderosas. La región debe mantenerse alerta y unida, apostando a la construcción de un futuro donde la soberanía y la dignidad sean valores irrenunciables. Solo así podremos garantizar que la región latinoamericana deje atrás las sombras del neocolonialismo y avance hacia un horizonte de paz, prosperidad y autodeterminación.
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