Mientras el crudo internacional (WTI) muestra alivios, las refinerías globales han disparado sus márgenes de ganancia hasta en un 177%. República Dominicana enfrenta un «peaje invisible» que frena las rebajas en las estaciones de servicio.
Santo Domingo, D.N. — Es el reclamo ciudadano de cada viernes: «Si el barril de petróleo está bajando, ¿por qué la gasolina no baja igual en la bomba?» La respuesta a esta paradoja no está en los impuestos, ni en el diseño del mercado interno, sino en un fenómeno global que está devorando silenciosamente los recursos de los países no productores: la explosión histórica de los márgenes de refinación, conocidos en los mercados como el Crack Spread.
Para entender el impacto de este fenómeno, basta con mirar la matemática que rige la bolsa de valores este 2026. El barril de West Texas Intermediate (WTI), el petróleo crudo, es apenas la materia prima. Ese crudo debe trasladarse a una refinería global para ser «cocinado» y convertido en Gasolina o Gasoil Óptimo (ULSD).
Hoy, las refinerías internacionales están cobrando un precio récord por esa transformación. Los datos consolidados del índice Platts revelan una asimetría alarmante. Si tomamos como referencia febrero de 2026, el margen que cobraban las refinerías para producir gasolina era de apenas US19.56 por barril. Sin embargo, para la última semana de junio de 2026, a pesar de que el precio del petróleo crudo (WTI) experimentó contracciones rondando los US70 a US$76 dólares, el costo de la gasolina terminada se disparó.
¿La razón? El margen de las refinerías (Crack Spread) superó la barrera de los US$54.00 dólares a finales de junio. En términos simples: las refinerías globales llegaron a cobrar hasta 2.8 veces más por procesar la misma gasolina. En el caso del Gasoil Óptimo (ULSD), el combustible que mueve la carga y la logística nacional, la historia es idéntica. El margen de refinación saltó de US32.70 en febrero a picos de US65.83 a finales de junio, duplicando el sobrecosto internacional (un incremento del 101% en el «peaje» de refinación).
Como economía importadora neta, la República Dominicana no compra petróleo crudo para suplir todo su mercado; compra el producto terminado (refinado). La ecuación es implacable: baja la materia prima (WTI), pero se triplica el costo de procesamiento (Crack Spread), provocando que el producto final llegue a los puertos dominicanos a un precio inflado desde su origen.
Esta coyuntura desmonta el mito de que los precios locales se resisten a la baja por voluntad administrativa. La realidad es que la estructura de refinación en el Atlántico está capturando cualquier ganancia que genere la caída del petróleo, blindando sus propios márgenes a costa de las economías emergentes.
Este diferencial impone incrementos de más de RD40 y RD50 pesos adicionales por galón, solo por concepto de variación internacional de refinación. Transmitir esta realidad es fundamental para proteger la estabilidad de la gente que produce y moviliza el país todos los días. Mientras los mercados globales no estabilicen su capacidad de refinación, cualquier caída del WTI será un simple espejismo en las pantallas de Wall Street, incapaz de traducirse en un alivio para el consumidor final.



