miércoles, enero 7, 2026
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Intervención de la República Dominicana en la OEA

Señor presidente del Consejo Permanente,

Señor secretario general,

Señora secretaria general Adjunta,

Distinguidos embajadores, amigas y amigos:

La Organización de los Estados Americanos nació bajo la convicción de que la solidaridad americana y la buena vecindad solo pueden sostenerse sobre la base de la libertad individual, la justicia social y el respeto a las instituciones democráticas, fundadas —todas ellas— en el principio esencial de la dignidad humana.

Ese espíritu debe guiar hoy nuestras deliberaciones, cuando nos enfrentamos nuevamente a la compleja y prolongada situación que afecta a una nación hermana.

No nos llamemos a engaño. La crisis política, institucional y humanitaria de Venezuela ha desbordado sus fronteras desde hace años. Ha impactado a nuestras sociedades y ha generado profundas divisiones en esta organización.

Pero la coyuntura actual es especialmente delicada y peligrosa. Los Estados del hemisferio están llamados a actuar con máxima responsabilidad colectiva: para evitar una escalada indeseable, para proteger a la población venezolana y para resguardar la estabilidad regional.

Señor presidente:

Tras las elecciones del 28 de julio de 2024, República Dominicana no reconoció la proclamación de Nicolás Maduro. Junto con otros Estados, exigimos la publicación íntegra de las actas electorales y su verificación internacional.

Como respuesta a ese legítimo reclamo, el 30 de julio fueron expulsados de Venezuela los representantes diplomáticos y consulares de mi país, así como los de otros seis Estados.

Posteriormente, el 16 de agosto de 2024, con ocasión de la toma de posesión del segundo mandato del presidente Luis Abinader, el Gobierno dominicano promovió la Declaración de Santo Domingo, suscrita por veintidós países y la Unión Europea.

Dicha Declaración exigió la publicación de las actas oficiales del escrutinio y demandó el respeto a los principios democráticos, a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos los venezolanos.

En esa ocasión, el presidente Abinader expresó —y cito—:

“Resultan altamente condenables los atropellos contra las instituciones democráticas y el uso de la violencia política que estamos observando en Venezuela. Estas actuaciones autoritarias son profundamente injustas y echan abajo las conquistas sociales logradas con el esfuerzo de generaciones.

República Dominicana estará siempre del lado de la democracia, donde sea, cuando sea y ante quien sea.”

A la luz de estos antecedentes, y por estricta coherencia con nuestros valores, la posición dominicana es clara.

Así como no reconocimos la legalidad de la proclamación de Nicolás Maduro, tampoco podemos conferir legitimidad a un régimen de facto que pretende perpetuarse al margen de la voluntad popular. República Dominicana no convalida hechos consumados.

Ahora bien —y esto es esencial—, tampoco podemos aprobar que siga poniendo en riesgo la paz social ni la integridad del pueblo venezolano.

En este momento identificamos dos prioridades inmediatas: primero, la preservación del funcionamiento básico de las instituciones del Estado; y segundo, la construcción gradual de una hoja de ruta seria, realista y cuidadosamente planificada que apoye una transición democrática.

Esa transición debe enmarcarse, sin ambigüedades, en los principios más elementales del orden internacional: la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias.

Principios consagrados en la Carta de la OEA, en el Pacto de Bogotá y en la Carta Democrática Interamericana, y que deben reflejarse en cualquier salida a la situación actual de Venezuela.

Señor presidente:

Esta Organización cuenta con las herramientas jurídicas, la experiencia acumulada y la vocación política necesarias para desempeñar un rol central en la coordinación del apoyo hemisférico al pueblo venezolano.

Ese apoyo —a nuestro juicio— debe orientarse a facilitar un diálogo político amplio, creíble e inclusivo entre los principales actores venezolanos, de manera que la transición sea auténticamente venezolana.

La comunidad internacional debe contribuir a crear las condiciones para que esa transición sea posible y exitosa.

Muchos de nuestros países han atravesado transiciones complejas. En el caso dominicano, el acompañamiento de las Américas fue determinante para consolidar nuestra democracia. No olvidamos esa experiencia.

A la luz de los acontecimientos recientes, la OEA debe mostrarse unida y acordar una fórmula eficaz de acompañamiento al pueblo venezolano, que permita restablecer la confianza en las instituciones interamericanas y en las normas que debemos seguir respetando.

No existe una receta infalible. Pero en cada dominicana y dominicano existe el convencimiento de contribuir a una región que goce del mismo privilegio que hoy disfrutamos: una democracia siempre perfectible, pero indispensable para la salud institucional y la paz social.

El Gobierno dominicano, interpretando los ideales de su pueblo, reafirma la disposición de aportar constructivamente para que los venezolanos encuentren en paz el camino que les conduzca hacia una nación, libre, democrática y soberana.

Muchas gracias.

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