El Soft Power siempre ha estado presente en la política exterior de Washington. Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial y con el inicio de la guerra fría, Estados Unidos se vio compelido a combatir la infiltración del comunismo en su territorio, en los países aliados y en América Latina. La agenda estadounidense se concentró en promover la democracia, las libertades y el libre comercio. Surge el plan europeo de recuperación (Plan Marshall), un programa creado para ayudar a los países europeos a recuperarse luego de la destrucción provocada por el enfrentamiento bélico. Luego, a partir del 1961, se crea entonces la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
La decisión de Donald Trump el pasado 20 de enero, de congelar toda la ayuda exterior de los Estados Unidos por 90 días, ha creado un gran alboroto en todo el mundo donde inciden estas ayudas, y en la República Dominicana se ha generado una fuerte controversia en la sociedad sobre el rol de ese organismo y las opiniones encontradas sobre los que creemos en los beneficios derivados de los proyectos auspiciados con los fondos de la USAID y los que creen que estos financiamientos vienen a imponernos agendas ocultas para intervenir e incidir en las políticas públicas locales. Como diría el gran humorista mexicano Cantinflas, ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario.
La USAID, nacida bajo la visión del presidente John F. Kennedy, décadas después de su creación sigue siendo clave en el apoyo a muchos países. Si bien es posible que, como han aseverado algunos, se hayandesarrollado programas dentro del marco de estos financiamientos que pudieran haberse desvirtuado en su esencia, no podemos negar que la ayuda económica de la USAID para el mundo, y en especial para América Latina, ha sido de vital transcendencia.
En lo que concierne a la República Dominicana, nuestro país ha sido beneficiado con financiamientos importantes en áreas críticas como la educación, el fortalecimiento del sistema de justicia y la seguridad ciudadana, así como en el progreso de los grupos e instituciones que trabajan con los derechos humanos. En particular, el apoyo de la USAID ha sido determinante en la modernización de las instituciones del Estado dominicano y en el empoderamiento de la sociedad civil.
Estamos esperanzados en que las autoridades de los Estados Unidos puedan evaluar profundamente cada proyecto y su importancia, y relanzar su colaboración a los programas que se desarrollan en la República Dominicana con sabiduría y enfoque renovado. Ese debe ser el camino por seguir.
Siempre recordar al precursor de USAID, John F. Kennedy, quien el 13 de marzo de 1961, pronunciado un discurso en la Casa Blanca ante el cuerpo diplomático latinoamericano, miembros de su gabinete y congresistas estadounidenses, afirmaba, cito: “Nuestros continentes están enlazados por una historia común, la interminable exploración de nuevas fronteras. Nuestras naciones son el producto de una lucha común la rebelión contra el dominio colonial. Y nuestros pueblos comparten un patrimonio común — la búsqueda de la dignidad y libertad del hombre”.
La colaboración entre países debe ser en si misma un ejemplo de la búsqueda de la dignidad y libertad del hombre, un acto de justicia al que todas las naciones deben apostar. Mayor colaboración, es mejor convivencia y en consecuencia menos violencia, menos migración clandestina, menos eventos bélicos y más desarrollo.
Jorge Amado Méndez
Abogado