Roncar es más común de lo que se piensa. Para muchas personas, puede parecer solo una molestia que interrumpe el sueño de quienes están cerca. Sin embargo, en algunos casos puede ser una señal de alerta sobre posibles problemas respiratorios que afectan la calidad del sueño y la salud en general.
El ronquido se produce cuando hay una obstrucción parcial en la vía aérea durante la respiración, lo que provoca la vibración de los tejidos blandos del paladar y la garganta. Esta situación se presenta con mayor frecuencia al dormir boca arriba o cuando los músculos están relajados, como sucede al consumir alcohol o ciertos medicamentos antes de dormir.
También influyen factores como el sobrepeso, el tabaquismo, las congestiones nasales y algunas características anatómicas que dificultan el paso del aire. Por eso, mantener un peso saludable, dormir de lado, evitar el alcohol antes de acostarse y mejorar la higiene del sueño puede ayudar a reducir o eliminar los ronquidos.
Sin embargo, es importante no subestimar el problema. Cuando el ronquido se acompaña de pausas en la respiración, somnolencia diurna, fatiga constante o dificultad para concentrarse, podría tratarse de un trastorno más grave como la apnea del sueño. En estos casos, es fundamental consultar con un profesional de la salud.
El tratamiento puede incluir desde cambios en el estilo de vida hasta el uso de dispositivos especiales que facilitan la respiración nocturna. También existen opciones más avanzadas para los casos más severos.
Lo más importante es prestar atención a las señales del cuerpo. Dormir bien no solo mejora el ánimo y el rendimiento diario, sino que también protege el corazón, el cerebro y el sistema inmunológico. Escuchar los ronquidos puede ser, en realidad, el primer paso para mejorar tu salud.