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El mundo se reúne en la ONU: cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno llegan a Nueva York mientras Ormuz vuelve a encender las alarmas

Por Rosanna Barrera

Nueva York concentra, desde mañana 22 de septiembre, a cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno y a delegaciones de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas, en una semana decisiva para abordar guerras, seguridad internacional, cambio climático, inteligencia artificial, salud, desarrollo y cooperación, mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a tensionar una de las principales arterias energéticas del mundo.

Mañana, martes 22 de septiembre, Nueva York volverá a convertirse en el centro político y diplomático del mundo.

Durante el Debate General de la 81.ª Asamblea General, que se desarrollará del 22 al 28 de septiembre, cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno estarán presentes físicamente en la ciudad, junto a ministros, diplomáticos y otros altos representantes de los 193 Estados miembros.

No se trata simplemente de una sucesión de discursos presidenciales.

La agenda incluye: conflictos y seguridad internacional, cambio climático, inteligencia artificial, desarrollo, preparación ante futuras pandemias, aumento del nivel del mar, derechos humanos, desarme nuclear y cooperación multilateral. Naciones Unidas también ha programado cientos de reuniones bilaterales y multilaterales paralelas al Debate General.

La magnitud de este encuentro explica por sí sola la dimensión de la operación.

Pero este año existe un elemento adicional que coloca a Nueva York y al mundo bajo una atención todavía mayor: mientras la diplomacia internacional se concentra en buscar entendimientos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa generando incertidumbre en Medio Oriente y vuelve a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de las preocupaciones económicas y estratégicas.

Durante meses, a través de varios de nuestros artículos, hemos venido advirtiendo sobre la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta, y sobre las repercusiones que una interrupción significativa de su tránsito podría generar mucho más allá de Medio Oriente.

Hoy, ese riesgo dejó de ser una hipótesis distante para convertirse en una variable que los mercados, los gobiernos y las empresas están observando diariamente.

Nueva York: cuando la diplomacia se encuentra con la realidad

La Asamblea General de las Naciones Unidas no es simplemente una reunión de presidentes.

Es el principal órgano deliberativo y representativo de la Organización. Allí están representados los 193 Estados miembros, cada uno con un voto, y se discuten asuntos que afectan directamente el presente y el futuro de la comunidad internacional.

El lema de esta 81.ª sesión es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”.

Y precisamente ahí aparece la gran contradicción de estos días.

El mundo se reúne para hablar de cooperación mientras varias regiones enfrentan conflictos que ponen a prueba la capacidad de la diplomacia para evitar una escalada mayor.

La guerra en Medio Oriente y el conflicto en Ucrania estarán entre los asuntos que dominarán buena parte de las conversaciones, junto con otros desafíos globales.

¿Por qué tanta seguridad en Nueva York?

La extraordinaria presencia policial y de seguridad que comenzará a sentirse con mayor intensidad desde hoy no significa, por sí misma, que exista una amenaza concreta contra la ciudad.

La explicación está, en buena medida, en la propia dimensión del acontecimiento.

Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno, además de ministros, diplomáticos y representantes de 193 países, estarán concentrados durante varios días en Nueva York. A esto se suman reuniones bilaterales, actividades paralelas, organismos internacionales, medios de comunicación y numerosas delegaciones oficiales.

Es, por tanto, una operación preventiva de enorme dimensión.

No hay que confundir seguridad reforzada con amenaza confirmada.

En tiempos de redes sociales, esa diferencia es fundamental.

Estados Unidos e Irán: la guerra llega a la mesa diplomática

La coincidencia de esta Asamblea con la guerra entre Estados Unidos e Irán añade otra capa de complejidad.

La presencia en Nueva York de dirigentes de países directamente involucrados o afectados por los conflictos del Medio Oriente convierte a la ONU, una vez más, en uno de los pocos espacios donde adversarios pueden encontrarse físicamente bajo un mismo techo.

Y eso es precisamente lo que debería recordarnos la existencia de Naciones Unidas: la diplomacia no elimina automáticamente los conflictos, pero crea espacios para intentar administrarlos antes de que sus consecuencias sean todavía mayores.

Y entonces aparece Ormuz

Mientras los líderes llegan a Nueva York, en otra parte del mundo una estrecha franja de agua continúa concentrando una enorme parte de la atención económica internacional.

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una ruta fundamental para el transporte de petróleo y gas.

Pero hay que hablar con precisión.

No está correcto afirmar que Ormuz está completamente cerrado ni que todo el petróleo de la región dejó de circular.

Los datos más recientes muestran algo más complejo.

El tránsito marítimo se ha reducido de manera considerable, y esa disminución tiene consecuencias que van mucho más allá de los países directamente involucrados en el conflicto.

Porque el verdadero peligro para la economía mundial no consiste únicamente en que un día se anuncie formalmente un “cierre” de Ormuz. También importa cuánto tiempo permanezca reducido el tránsito, cuánto aumenten los costos de transporte, seguros y fletes, y cuánto termine trasladándose ese incremento al precio final de la energía y de otros productos.

¿Y qué tiene que ver esto con República Dominicana? ……Mucho!

República Dominicana no produce petróleo en cantidades que le permitan aislarse de las fluctuaciones internacionales.

Somos una economía dependiente de combustibles importados. Por eso, cuando aumenta el costo internacional de la energía, el efecto termina llegando a la cadena de transporte, la generación eléctrica, la producción, los servicios y, finalmente, al bolsillo de los consumidores.

El Gobierno dominicano ya está enfrentando esa presión.

Esto nos obliga a mirar el problema con serenidad, pero también con responsabilidad.

No se trata de salir corriendo a comprar combustible.

No se trata de almacenar alimentos innecesariamente.

No se trata de reproducir mensajes alarmistas de redes sociales.

Se trata de entender que una crisis internacional puede terminar convirtiéndose en una presión doméstica si se prolonga.

República Dominicana también está en la mesa

Mientras todo esto ocurre, nuestro país tiene una delegación oficial en Nueva York.

El presidente Luis Abinader encabeza la participación dominicana en la 81.ª Asamblea General y tiene programada su intervención ante el Debate General para el miércoles 23 de septiembre, además de reuniones bilaterales y actividades vinculadas con cooperación, desarrollo, inteligencia artificial, comercio e inversión.

Esto es importante porque la política exterior no puede observarse únicamente desde el ángulo protocolar.

Cada reunión bilateral, cada conversación sobre comercio, energía, inversión, tecnología, seguridad o cooperación puede tener consecuencias concretas para la economía dominicana.

En una coyuntura como la actual, un país pequeño y abierto al comercio internacional necesita mantener buenas relaciones con múltiples actores, proteger sus intereses y observar cuidadosamente los movimientos de la economía mundial.

La diplomacia también es prevención.

Lo que debemos mirar ahora

Hay cuatro señales que merecen seguimiento durante las próximas semanas.

Primero: el comportamiento del tránsito marítimo por Ormuz.

No basta con saber si existe o no un cierre formal. Hay que observar cuántos barcos están cruzando, qué tipo de carga transportan y cuánto cuesta moverla.

Segundo: el precio internacional del petróleo y sus derivados.

El petróleo no es el único indicador. Para República Dominicana son especialmente relevantes los precios de los productos refinados, porque son los que terminan incidiendo directamente sobre los costos de importación.

Tercero: el costo del transporte marítimo y de los seguros.

Aunque un barco pueda transitar, hacerlo bajo condiciones de riesgo puede encarecer significativamente una operación.

Cuarto: la duración del conflicto.

Una perturbación temporal puede ser absorbida de una manera. Una crisis prolongada obliga a los gobiernos, empresas y consumidores a tomar decisiones diferentes.

Entre la información y el ruido

En momentos como este también existe otra batalla: la batalla contra la desinformación.

Las redes sociales pueden convertir una amenaza en una guerra declarada, una posibilidad en una certeza y un comentario sin fuente en una supuesta noticia.

Por eso conviene recordar una regla sencilla:

Hecho no es lo mismo que amenaza.
Amenaza no es lo mismo que posibilidad.
Posibilidad no es lo mismo que rumor.

Y esa diferencia debe ser especialmente respetada cuando se habla de guerra, terrorismo, armas nucleares o ataques contra ciudades.

No necesitamos alimentar el miedo para mantenernos alertas.

Necesitamos información confiable.

Nueva York y Ormuz: dos escenarios, una misma realidad

Quizás la imagen más poderosa de estos días sea precisamente esa.

En Nueva York, cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno llegan para hablar en nombre de sus países y buscar espacios de cooperación.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, un estrecho marítimo concentra una parte de las preocupaciones energéticas del planeta.

Uno representa la posibilidad del diálogo.

El otro recuerda cuánto puede afectar a todos una crisis localizada en una zona estratégica.

Por eso, mientras los discursos comiencen mañana en la Asamblea General, también habrá que escuchar lo que ocurre fuera de la sala.

Porque la geopolítica no se queda en los salones de Naciones Unidas.

Llega a los puertos.

Llega a las gasolineras.

Llega a los supermercados.

Llega a las empresas.

Y, finalmente, llega a los hogares.

República Dominicana debe observar lo que ocurre con serenidad, sin alarmismo, pero también sin ingenuidad.

Prepararse no significa entrar en pánico.

Significa mirar los indicadores, cuidar los recursos, exigir información oficial, evitar la especulación y entender que en un mundo interconectado una crisis que comienza lejos puede terminar teniendo consecuencias muy cerca.

Hace meses advertíamos desde estas páginas que Ormuz debía ser observado.

Hoy los acontecimientos nos recuerdan por qué.

Y mientras Nueva York sea, del 22 al 28 de septiembre, el gran escenario de la diplomacia mundial, habrá que esperar que la razón encuentre espacio suficiente para imponerse a la escalada.

Porque, al final, eso es precisamente lo que el mundo necesita de Naciones Unidas: que cuando las armas hablan demasiado fuerte, la diplomacia todavía tenga una voz capaz de ser escuchada.
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