En la República Dominicana solemos quejarnos con frecuencia de la calidad de nuestra representación política. Criticamos las discusiones estériles en las curules, la falta de profundidad técnica en las leyes y la alarmante ausencia de valores fundamentales en el debate público. Sin embargo, frente a ese diagnóstico, cabe hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué estamos haciendo los ciudadanos formados, los profesionales y las cabezas de familia para cambiar esa realidad?
Si los ciudadanos con vocación de servicio, preparación y un compromiso real con el bienestar colectivo decidimos dar un paso atrás por apatía o temor al cuestionamiento, ese vacío será inevitablemente ocupado por la improvisación o por quienes ven el Estado como un fin patrimonial y no como un espacio de servicio.
Mi experiencia como precandidato a diputado en el pasado proceso electoral me dejó una gran lección, el electorado de nuestra capital está ávido de propuestas de fondo. El ciudadano del Distrito Nacional ya no se conforma con promesas aéreas ni con discursos diseñados exclusivamente para «hacerse viral» en una red social. La clase media, los profesionales y los sectores comunitarios exigen legisladores a tiempo completo, hombres y mujeres con la capacidad técnica de escudriñar un presupuesto nacional, de fiscalizar el uso de los fondos públicos y de plantear reformas estructurales con garras jurídicas.
Pero, sobre todo, nuestra sociedad reclama representantes que defiendan con firmeza el núcleo de nuestra identidad, la familia y los valores que nos sostienen como nación. Defender estas causas en los tiempos que corren requiere una firmeza que no ceda ante las presiones de las modas ideológicas ni de la superficialidad de la opinión efímera.
El camino hacia una mejor institucionalidad no empieza el día de las elecciones, sino hoy. Comienza cuando decidimos involucrarnos, opinar con argumentos y construir colectivamente una visión depaís donde el ordenamiento, la seguridad jurídica y el desarrollo humano sean las prioridades.
Es momento de romper con el mito de que la política es un terreno exclusivo para los mismos de siempre. Para transformar la realidad de nuestro Distrito Nacional y de nuestro país, el primer requisito es la valentía ciudadana. Llegó la hora de dejar de ser espectadores de las decisiones que afectan nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Llegó la hora de asumir la responsabilidad generacional que nos juzga para la historia. Es el momento, sin reservas, de ¡Atreverse!,
¡Atreverse por la Familia!
Jorge Amado Méndez



