Durante décadas, la ciencia ficción ha alimentado la idea de que las inteligencias extraterrestres serían radicalmente distintas de la humana. Sin embargo, quizá no sea necesario viajar a otro planeta para encontrarnos con una mente verdaderamente «alienígena». En las profundidades de los océanos habita un animal cuya biología, comportamiento y capacidad cognitiva desafían los modelos tradicionales de la evolución de la inteligencia: el pulpo.
Con tres corazones, un cuerpo completamente flexible, sangre azul y un sistema nervioso distribuido en nueve centros de control —un cerebro central y ocho grandes ganglios en cada uno de sus brazos—, los pulpos representan una de las formas de inteligencia más singulares que existen en la naturaleza. Para numerosos científicos y filósofos, comprender cómo piensa un pulpo podría acercarnos a entender cómo sería interactuar con una inteligencia completamente distinta a la nuestra.
Una evolución separada durante más de 650 millones de años
Mientras los seres humanos pertenecen al linaje de los vertebrados, los pulpos forman parte del grupo de los moluscos cefalópodos. Ambos caminos evolutivos se separaron hace más de 650 millones de años, cuando los ancestros comunes apenas eran organismos simples.
Esta enorme distancia evolutiva convierte a los pulpos en un experimento natural extraordinario: demostraron que una inteligencia compleja puede surgir siguiendo un camino completamente diferente al que recorrieron los mamíferos.
El filósofo de la biología Peter Godfrey-Smith sostiene que relacionarse con un pulpo es probablemente la experiencia más cercana que un ser humano puede tener con una mente verdaderamente extraterrestre.
Nueve cerebros y cientos de millones de neuronas
Aunque popularmente se dice que poseen nueve cerebros, en realidad cuentan con un cerebro central y ocho grandes centros nerviosos ubicados en cada brazo.
Su sistema nervioso alberga aproximadamente 550 millones de neuronas, una cifra comparable a la del cerebro de un perro. Lo sorprendente no es únicamente la cantidad, sino cómo están distribuidas.
Alrededor de dos terceras partes de esas neuronas se encuentran fuera del cerebro central, repartidas entre los brazos, que pueden explorar objetos, manipular alimentos, abrir recipientes y tomar decisiones de manera parcialmente independiente.
Cada tentáculo posee un alto grado de autonomía gracias a las miles de ventosas dotadas de receptores químicos y táctiles capaces de «sentir» y «probar» simultáneamente aquello que tocan.
Esta arquitectura nerviosa descentralizada inspira actualmente el desarrollo de robots blandos y nuevas formas de inteligencia artificial distribuida.
Una inteligencia capaz de resolver problemas
Las investigaciones han demostrado que los pulpos poseen habilidades cognitivas extraordinarias.
Entre otras capacidades pueden:
- Resolver problemas complejos.
- Aprender mediante ensayo y error.
- Memorizar soluciones.
- Abrir frascos enroscados para obtener alimento.
- Utilizar herramientas.
- Transportar cáscaras de coco para construir refugios.
- Planificar estrategias.
- Adaptar rápidamente su comportamiento a nuevas situaciones.
También se han observado comportamientos asociados al juego, una característica poco frecuente en el reino animal y considerada un indicador de inteligencia avanzada.
Maestros absolutos del camuflaje
Otra de sus capacidades más sorprendentes es el camuflaje instantáneo.
Su piel contiene miles de cromatóforos, pequeñas células pigmentarias capaces de expandirse y contraerse en apenas una décima de segundo.
Gracias a este mecanismo pueden cambiar simultáneamente:
- el color;
- la textura;
- el brillo;
- e incluso el relieve de su piel.
Así logran desaparecer visualmente sobre rocas, corales, arena o algas en cuestión de milisegundos.
Este sofisticado sistema continúa inspirando investigaciones para desarrollar materiales inteligentes con aplicaciones militares, médicas y tecnológicas.
Ven el mundo de una manera completamente distinta
Paradójicamente, los pulpos poseen una visión monocromática.
Sus ojos funcionan con un solo tipo de proteína fotosensible, por lo que, en teoría, distinguen muy pocos colores.
Sin embargo, compensan esta limitación mediante la piel.
Los cromatóforos contienen proteínas sensibles a distintas longitudes de onda que les permiten detectar información cromática directamente desde la superficie del cuerpo.
En otras palabras, mientras sus ojos observan principalmente en escalas de luz y oscuridad, su piel les proporciona información adicional sobre los colores del entorno, facilitando uno de los sistemas de camuflaje más sofisticados conocidos.
Estudios recientes también sugieren que utilizan un fenómeno óptico denominado aberración cromática para inferir colores, a pesar de no poseer visión cromática convencional.
Inteligentes… pero con una vida sorprendentemente corta
Existe una aparente contradicción evolutiva.
En mamíferos y aves altamente inteligentes —como chimpancés, elefantes, delfines, cuervos o loros— la inteligencia suele ir acompañada de una larga esperanza de vida, convivencia social y transmisión cultural entre generaciones.
Nada de eso ocurre con los pulpos.
La mayoría vive apenas entre uno y dos años.
Son animales solitarios y territoriales.
Además, tras reproducirse, tanto machos como hembras mueren, impidiendo que exista un aprendizaje entre generaciones.
Esta paradoja sigue intrigando a los biólogos: ¿cómo pudo evolucionar una inteligencia tan sofisticada en una especie con una vida tan breve?
¿Pueden sentir emociones?
Cada vez existen más evidencias de que los cefalópodos poseen sentiencia, es decir, capacidad para experimentar dolor, bienestar y diferentes estados emocionales.
Por esta razón, varios países han comenzado a incluirlos dentro de las normativas de bienestar animal aplicadas a la investigación científica.
Su complejidad cognitiva ha abierto además un intenso debate ético sobre la forma en que deben ser tratados.
Una inspiración para la robótica y la inteligencia artificial
Las características únicas de los pulpos trascienden el ámbito de la biología.
Su cuerpo flexible ha servido de modelo para diseñar robots blandos capaces de desplazarse por espacios reducidos.
Mientras tanto, su sistema nervioso descentralizado inspira nuevas arquitecturas de inteligencia artificial en las que múltiples unidades procesan información simultáneamente sin depender de un único centro de control.
Estas investigaciones podrían tener aplicaciones futuras en exploración submarina, medicina, rescate y automatización industrial.
Un auténtico extraterrestre de los océanos
Lejos de ser simples invertebrados, los pulpos representan uno de los mayores enigmas de la evolución.
Su anatomía, inteligencia, capacidad de aprendizaje y extraordinaria adaptación demuestran que la evolución puede producir mentes complejas siguiendo caminos completamente distintos al recorrido por los mamíferos.
Quizá, cuando la humanidad imagine cómo podría ser una inteligencia alienígena, no necesite mirar hacia las estrellas. Bastará con observar a uno de estos fascinantes habitantes del océano, un animal que lleva millones de años demostrando que existen muchas formas diferentes de ser inteligente.
Fuente: NatGeo



