Por Elic Fernández
Esta es una vieja afirmación de muchos consultores políticos y expertos en la materia, la vengo escuchando desde hace muchos años, cuando comencé mi proceso de formación académica en estas lides y compartiendo escenario con los más grandes de la consultoría politica en el mundo, ya sea a través de la International Association of Political Consultants(IAPC), de Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP) o de todo el grupo de lideres en la materia que conforman el grupo Cumbre Mundial de Comunicación Politica, bajo el liderazgo de Daniel Ivoskus.
Ahora la afirmación adquiere vigencia, a raíz de que el más destacado y reconocido influencer de la República Dominicana, Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, ha decidido participar de la actividad politica y competir posiblemente por la presidencia. A propósito de esto, me atrevo a afirmar que los likes y los views no son votos, existe una gran diferencia entre la popularidad digital y el respaldo electoral propiamente dicho.
En los últimos años, las redes sociales han transformado profundamente la comunicación política. Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, X (antes Twitter) y YouTube se han convertido en espacios donde candidatos, partidos y ciudadanos intercambian ideas, promueven propuestas y debaten sobre la realidad política. En este contexto, es común que se asuma que un político o un outsider con millones de visualizaciones, miles de comentarios y una gran cantidad de seguidores tiene asegurado el éxito en las urnas. Sin embargo, esa percepción suele ser equivocada, incluso errática. Los likes y los views no son votos, y confundir ambos conceptos puede conducir a análisis políticos erróneos y a estrategias electorales poco efectivas.
Las redes sociales funcionan bajo una lógica basada en algoritmos que privilegian el contenido con mayor capacidad de generar interacción. Un video puede alcanzar millones de reproducciones porque resulta polémico, entretenido, emotivo o incluso controversial, sin que ello implique que quienes lo observan compartan las ideas del candidato o estén dispuestos a respaldarlo electoralmente. Del mismo modo, un usuario puede reaccionar con un «me gusta» a una publicación simplemente porque le llamó la atención, porque coincide con una frase específica o incluso porque desea guardar el contenido para revisarlo posteriormente. Ninguna de estas acciones constituye una manifestación formal de apoyo político.
La diferencia fundamental entre una interacción digital y un voto radica en el nivel de compromiso que representa cada una. Dar un «like» requiere apenas un segundo y no implica ninguna responsabilidad posterior. Compartir un video puede responder a múltiples motivaciones, incluyendo la crítica o la burla. En cambio, votar supone un proceso mucho más complejo: el ciudadano debe estar motivado electoralmente hablando, acudir al centro de votación, dedicar tiempo a ejercer su derecho y tomar una decisión que tendrá consecuencias para el gobierno y la administración pública durante varios años. El voto representa un compromiso político y democrático que trasciende la simple interacción desde la comodidad de una pantalla.
En el caso de la República Dominicana, al menos para las próximas elecciones del año 2028, se requiere contar con un partido, con una estructura electoral, con locales en las principales provincias y una maquinaria electoral capaz de convencer a la ciudadanía y de movilizar ese voto el día D, o sea el día de las elecciones.
Santiago Matías (Alofoke) entendió claramente que los likes y los views no son votos y es por eso que se decidió a formar su partido y a armar su estructura politica para competir electoralmente.
*El autor de abogado, politólogo, diplomático, profesor universitario y miembro de ALACOP, IAPC y ACEIPOL.



