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Rocío Regalado honra la memoria de Hatuey De Camps con una emotiva carta en su cumpleaños

Santo Domingo. Con motivo del aniversario del natalicio del dirigente político Hatuey De Camps Jiménez, la experta en protocolo Rocío del Alba Regalado Méndez publicó una emotiva carta en la que recuerda las enseñanzas, el liderazgo y la visión política de quien considera su mentor.

En el escrito, Regalado describe a De Camps como un estratega excepcional, de profunda cultura política y gran capacidad para el debate, destacando que dejó como legado “una forma de pensar” más allá de los cargos públicos que ocupó.

La autora evoca conversaciones sostenidas junto al líder político en su residencia de la avenida Máximo Gómez, donde, entre reflexiones sobre la realidad nacional, recibió consejos que, asegura, han guiado su vida profesional y personal.

Entre las frases que recuerda figuran expresiones como: “Doctora… déjelos correr, algún día les dará sed”, “Sea como el sándalo que perfuma el hacha con que lo hieren” y “Todo se atrapa en la bajadita”, enseñanzas que define como principios de estrategia, prudencia y liderazgo.

Regalado también reflexiona sobre el panorama político actual y afirma que la figura de Hatuey De Camps continúa siendo un referente por su capacidad de disentir con elegancia, debatir con argumentos y ejercer un liderazgo basado en el respeto.

La carta concluye con un mensaje de gratitud y reconocimiento: “Hay maestros que enseñan durante una clase. Y hay mentores que continúan enseñando incluso después de partir. Usted pertenece a ese segundo grupo”.

Hatuey De Camps, fallecido en 2016, fue una de las figuras más influyentes de la política dominicana, reconocido por su liderazgo, su capacidad de análisis y su estilo directo en el debate público. Su legado continúa siendo recordado por dirigentes, colaboradores y ciudadanos que valoran su contribución a la democracia dominicana.

CARTA A MI MENTOR POLÍTICO
A don Hatuey De Camps Jiménez
Escribir sobre usted nunca ha sido sencillo.
Hay personas que pasan por la vida dejando cargos, discursos o fotografías. Usted dejó algo mucho más difícil de encontrar: una forma de pensar.


En estos días he escuchado muchas veces el eco de su voz. Basta observar algunos acontecimientos de la vida pública para recordar aquellas conversaciones en la terraza de su hogar, en la avenida Máximo Gómez, donde, entre café y largas reflexiones, usted analizaba la política como pocos sabían hacerlo.


Todavía puedo escucharlo decir:
«Doctora… déjelos correr, algún día les dará sed.»
Y sonreír. Con los años entendí que aquella frase no era resignación. Era estrategia. Usted fue, para la República Dominicana, un estratega político único e irrepetible. Un hombre de inteligencia privilegiada, de vasta cultura y de una capacidad extraordinaria para debatir con firmeza sin perder jamás la elegancia.


Podía desmontar un argumento con una sola frase, responder con ironía sin caer en la ofensa y enfrentar a sus adversarios sin sacrificar la educación. Hoy, cuando el ruido muchas veces sustituye a las ideas, comprendo aún más el valor de aquella forma de hacer política.


También recuerdo otra enseñanza que quedó grabada para siempre en mi memoria:
«Sea como el sándalo que perfuma el hacha con que lo hieren.»
Esa frase ha sido una brújula en muchos momentos de mi vida.
Y otra de sus expresiones, tan dominicana como sabia:
«Todo se atrapa en la bajadita.»
Cuánta verdad había detrás de esas palabras.
Si hoy estuviera sentado en aquella terraza, probablemente iniciaría la conversación diciendo:
«Bueno, doctora… volvimos a revivir el 2004…»
Y después, con esa serenidad que lo caracterizaba, analizaría el panorama sin perder la perspectiva ni el sentido histórico.
Muchas cosas han cambiado. Otras, lamentablemente, no.
El grupo de amigos con el que compartíamos aquellos sábados recorriendo pueblos ya no existe. Los egos, las ambiciones y los caminos distintos hicieron lo suyo. Pero nadie podrá borrar aquellos días de aprendizaje, de conversaciones interminables y de sueños compartidos.
Usted me enseñó que el verdadero liderazgo no necesita levantar la voz para imponer respeto.
Que la inteligencia no requiere arrogancia.
Que el poder sin educación termina perdiendo autoridad.
Y que siempre habrá personas dispuestas a confundir el protagonismo con la grandeza.
Más de una vez imagino cuál sería su reacción frente a muchas de las cosas que vivimos hoy. Estoy segura de que, con una mezcla de humor e ironía, diría:
«¡Qué barbaridad… cuánto lengüeteo!»
Y luego, fiel a su estilo, volvería a regalar una frase que desarmaba cualquier conflicto:
«Dele su lechuga para que se relajen.»
Don Hatuey, usted hace falta.
Hace falta esa figura masculina que inspiraba respeto sin necesidad de hacer ruido.
Hace falta la profundidad en el análisis.
Hace falta la palabra con contenido.
Hace falta la elegancia para disentir.
Hoy abundan las voces. Escasean los estadistas.
Gracias por cada consejo.
Gracias por haber confiado en aquella joven a quien siempre llamó «doctora».
Las herramientas que me entregó siguen intactas en mi memoria y forman parte de la profesional que soy hoy.
Hay maestros que enseñan durante una clase.
Y hay mentores que continúan enseñando incluso después de partir.
Usted pertenece a ese segundo grupo.
Con respeto, gratitud y admiración, seguiré honrando cada una de aquellas enseñanzas que el tiempo ha demostrado que nunca pasaron de moda.


Feliz cumpleaños hasta el cielo, don Hatuey.
Rocío del Alba Regalado Méndez
Rocío Regalado PROTOCOLO RD

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